TERRY

HASTA PRONTO, TERRY
Cuando fuí a recoger a Terry me impresionó de tal forma su estado que avisé a la propietaria de que cabía la posibilidad de su fallecimiento, bien por la enfermedad y el abandono que se lo estaban comiendo, bien por prescripción facultativa para evitar su sufrimiento.
Tenía entonces trece apurados años. Terry nos enamoró a todos con su paciencia, con su buen carácter y sus ganas de agradar y no molestar. Y luchamos con él y por él, codo a codo, hasta que un día nos dimos cuenta de que se había vuelto a convertir en un precioso y adorable peludo que solo sabía demostrarnos cariño, lealtad, amistad, comprensión…
Nadie puede hablar de un mal recuerdo de Terry. Nadie puede contar una mala acción por su parte, un gesto de agresividad, un acto de mal genio.
Estar junto a él comportaba sentir un agradecimiento casi apabullante, costaba poco imaginar que nos decía gracias una y mil veces por el huequecito que le habíamos hecho entre nosotros y, sobre todo, en nuestros corazones.
Y aquí, pegadito a mí, has estado dos años casi justos, amigo mío. Viniste un dieciocho de diciembre y te has ido un veintitrés. Casi lo acierta esa arpía vejez y deterioro que se te han llevado.
A decir verdad, hace ya unos meses que vivimos «de prestado», verdad? El corazón ya era demasiado grande para el huequito que tenía y el riñón ya no tenía tampoco demasiadas ganas de trabajar. Pero tú seguías ahí, empujando fuerte y con esa mirada de agradecimiento y cariño que nos regalabas cada vez que hacíamos algo por tu bienestar.
Para mí, alma de cántaro cosido a pedradas, has sido un refugio de comprensión, una fuente de paciencia, un amigo, Terry, un gran amigo. Y nunca terminaré de contar el orgullo y el agradecimiento que siento.
Esta madrugada ya me pedías ayuda a gritos; sé que querías terminar, que no querías perder esa dignidad que te ha acompañado siempre. Ese es mi consuelo. He facilitado tu tránsito al arcoiris.
Pero quisiera que antes de irte, dieras una vuelta por aquí cerca y limpiaras de borrones, de tachaduras y renglones torcidos nuestro refugio.
Núnca, núnca jamás te olvidaré, amigo.

 

 

 

 

 

HISTORIA DE TERRY

Toda su vida ha transcurrido en el jardín de un chalet de veraneo. En invierno sus dueños iban los fines de semana a ponerle agua y comida. Cuando lo alquilaron vivió unos meses de compañía pero de repente, todo se terminó. Su compañera falleció de viejita y su familia humana ya no subía ni los fines de semana. Cuando  su dueña se percató de que hacía seis semanas que no iba por el chalet a ver a Terry, decidió hablar con nosotros. Ahora Terry esta contento y feliz entre sus nuevos compañeros, nunca se siente solo y su salud ha mejorado muchísimo. A pesar de tener ya trece años, se ha repuesto de su mala situación y ahora disfruta comiendo, es un gran paseador, es limpio, divertido, mimoso, se le ve seguro de sí mismo y eso calienta el alma. Es un abuelo al que aún le quedan muchos días de felicidad y cariño que ofrecer.

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