BLUES

“Mi nombre es Blues. Para que sepáis quién soy os presentaré mi casa. Aquí es donde duermo, donde como y donde me escondo cuando siento miedo, eso es, casi todo el tiempo. Solo acudo cuando llaman para hacer paseos, realmente los disfruto, pero el resto del tiempo me gusta tomar el sol o estar aquí solo con mis pensamientos. Quizá alguno penséis que soy un perro solitario y raro que ha encontrado el rincón que anhelaba y no quiere que le molesten. No es así, porque en otro tiempo sí que tuve un compañero de aventuras: mi hermano Jazz.
Jazz y yo éramos inseparables desde que nacimos. De hecho, vivíamos juntos sin tener contacto prácticamente con ninguna persona, solos él y yo. Hasta que vinimos a parar al refugio. Cuando llegamos, todo era nuevo para nosotros. Lo peor que recuerdo es que había mucha gente, una especie de perro de dos patas sin apenas pelo que se asomaba a nuestras casetas a sonreír enseñando sus dientes y hablaba, hablaba mucho, con cuidado y bajito, pero sin parar. Querían tocarnos y nosotros nos moríamos de miedo aun viendo que a los otros perros les gustaba y que jugaban, pero era todo raro. Tanto es así que escapamos de allí y vivimos a nuestro aire durante varios meses.
La vuelta al refugio no fue como la primera vez, habían estado preocupados por nosotros y lo que pudiera pasarnos. No había forma de conseguir que quisiéramos estar allí porque, decían, las cosas buenas que las personas nos pueden dar no sabíamos recibirlas. Es lo que tiene el miedo. Por ello, nos separaron. Desde casi los dos años estamos mi hermano y yo en cheniles distintos, con otros perros y, según he oído decir, a Jazz le ha ido mejor que a mi. Claro, él era el más dicharachero y el más curiosón, dicen… o, tal como yo lo veo, él estaba loco y yo era la voz de la sensatez; pero lo cierto es que él ríe, se deja acariciar, incluso juega como hacían los demás perros cuando llegamos, y yo no. A lo mejor mi sensatez me está jugando malas pasadas…
Creo que tengo 4 añitos y, desde luego, no he conocido mucho mundo. No logro superar mis temores y parece que mi hermano sí que ha dado un gran paso sin mi así que, ya no puedo apoyarme en él. Paso la mayor parte del tiempo en casa, como me veis en la foto. Aquí nada puede hacerme daño. Aquí puedo sentirme seguro estando solo. Y cuando la soledad me devora al final, también desde aquí siento que mi hermano me puede oír hablarle de mis temores. Pero cuando me aíslo de las risas y los juegos, te hablo a ti, te pido que te sientes un ratito conmigo, en la puerta de mi casa; aunque yo no conteste ni demuestre agrado al principio, no sé hacerlo aún. Siéntate conmigo, como si yo te importara, y cuéntame un cuento, bajito y con cariño, haz que me acostumbre a ti. Ahora, entro en casa para huir de todas las cosas que hay fuera, cuando vengas por mi, entraré para esperar a que vuelvas. Y, al final, descubriremos juntos el perro maravilloso que soy. Porque ningún ser vivo ha nacido sin nada que ofrecer a los demás, solo para morir en un chenil, junto al quicio de una puerta. ¿Me escuchas cuando te llamo? Dentro de un ratito lo volveré a intentar, ya sabes que aquí no pasa el tiempo.”
/ Adopciones, Machos, Perros

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